Pintado en la Pared No. 155-ZVTy N-Dabeiba
Por: Juan Guillermo Gómez García Llegamos, al fin, hacia las tres o cuatro de la tarde. Habíamos avistado el campamento desde la pestaña del frente de la montaña, como una imagen fresca y despejada. Se levantaba la figura emblemática de perfil de Jacobo Arango, labrada en la tierra negra a trescientos metros. Nadie nos detuvo, y nos bajamos de los dos pequeños carros, luego de un viaje de nueve horas desde Medellín. Nos recibió el comandante Isaías Trujillo. Por instinto, le di mi libro sobre Bolívar y luego, en la mesa de una casa prefabricada, se lo firmé. Era como internarse a una finca a mil quinientos metros de altura en los Andes americanos, que hubiera diseñado la fantasía de Fourier. Una comunidad auténtica, construida fuera de la nada, de cuatrocientos o quinientos excombatientes. Todo inspiraba, de golpe, trabajo, disciplina, una jerarquía de veteranos. Hablamos del incidente del incendio de la camioneta Koleos que, a medio camino, había tenido...