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RAÚL, VEINTE AÑOS DESPUÉS

PINTADO EN LA PARED No.17 “Hice todo lo que quise y me atuve a las consecuencias”. Raúl Andrade Conocí a Raúl Andrade en 1981, en Armenia, cuando estaba recién posesionado como profesor de Física en la Universidad del Quindío, luego de haber estudiado en la Universidad Patricio Lumumba. Yo no estrenaba aún cedula de ciudadanía y andaba en el limbo de haber terminado el bachillerato y buscar un lugar en las aulas universitarias, así fuera como asistente ocasional a uno que otro curso porque no podía pagar una matrícula. Pero a Raúl lo conocí más de cerca en la militancia comunista y, sobre todo, en lo que me pareció su peculiar y voraz forma de estudiar. Por entonces estaba obsesionado con el aprendizaje de la lengua alemana y su método consistía en leer en casa cualquier clásico y extraer todo el vocabulario posible; a cada palabra le dedicaba un papelillo con su significado y su transcripción fonética. Cada semana hacía una prueba de adquisición de léxico, diez, veinte, cien, mil nuev...

LAS MALAS RELACIONES

PINTADO EN LA PARED No.16 Desde los inicios del orden republicano, a pesar de buenas intenciones y de coyunturas favorables, las relaciones entre Ecuador, Venezuela y Colombia han sido las de esos vecinos o hermanos que ni desean ni pueden ponerse de acuerdo en un proyecto común. La etapa embrionaria de la Gran Colombia fue, quizás, una etapa acomodaticia, basada en la lucha contra un enemigo común, en la necesidad de ostentar una unidad administrativa y militar en aras de sellar una victoria casi definitiva. Luego vendrían los celos regionales, los intereses locales de caudillos. Caracas y Quito, acostumbrados a una vida comercial más dinámica por su cercanía con los puertos, no podían conformarse con esperar autorizaciones de la burocracia estatal anclada en la gélida y distante Bogotá. Esa diferencia de vocaciones y ritmos fue determinante en la separación; luego se agregarían otras fracturas decisivas, como la insistente discusión sobre la península de la Guajira y las aguas adyace...

NOTA: 5 EN FRIVOLIDAD

PINTADO EN LA PARED No.15 Una generación anterior a la mía debería saberlo y explicarlo mejor; las universidades colombianas han perdido algo que hacía parte de su vida diaria, algo que era su sal y hasta su razón de ser. Antes se podía conversar y, sobre todo, aprender conversando. Muchos testimonios de gentes que se formaron en los decenios de 1960 y 1970, principalmente, coinciden en evocar un mundo intelectual de tertulias, de emulación en lecturas, de discusiones fervientes acerca de esas lecturas que solían ser libros de autores clásicos con sus complejidades y desafíos conceptuales. Más allá de la rigidez horaria del aula universitaria, se aprendía a leer, a argumentar y a escribir en los cafés, en un parque, en el rincón de una librería y hasta en la dogmática reunión de alguna secta de izquierda. Muchos leyeron así a Hegel, a Marx, a García Márquez, a León de Greiff, al listado de los cuadriculados estructuralistas franceses. Así se fundaron revistas, se escribieron libros, se...

LA BIBLIOTECA DEL CENTENARIO

PINTADO EN LA PARED No.14 Hace cien años, el ambiente conmemorativo del primer siglo de la revolución de Independencia fue mucho más afirmativo y festivo que el de ahora. Hace un siglo hubo un espíritu de balance mucho más afianzado entre los intelectuales; era necesario examinar el devenir del primer centenario de vida republicana. Además, estaba encima la abrumadora evidencia del tránsito de un siglo a otro, de manera que la necesidad de apurar balances e imaginar proyectos de sociedad era ineludible. El balance no podía decir que se había vivido en una república perfecta; al contrario, la huella ruinosa y próxima de la guerra civil de los Mil Días contribuyó a alimentar una visión pesimista de lo que había sido el caos –¿cuál orden?- republicano. La irremediable pérdida de Panamá y las ínfulas reeleccionistas del presidente Rafael Reyes contribuyeron a alimentar la discordia en las proximidades de la conmemoración del primer centenario de la Independencia. Pero la razón, decían algu...