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El virus conspirativo

Las teorías conspirativas son fecundas en fantasía; contienen, en su base, algunas certezas que indican que nuestras vidas, nuestras simples vidas, están gobernadas o, mejor, controladas, por grupos selectos de individuos que acaparan los resortes del poder. Nuestro libre albedrío es una gota en un mar proceloso cuyo oleaje es movido por un dedo omnisciente y caprichoso. Entonces, creemos que el mundo está bajo el control de las logias masónicas desde los tiempos de la revolución francesa; o que el mundo lo controlan los judíos repartidos por diferentes rincones del planeta, sincronizados en sus ambiciones por los códigos secretos de una extensiva hermandad; otros desconfían de los adeptos del Opus Dei, otra secta que cabalga entre la religión y la política. Otros verán comunistas o neonazis que se ocultan en altos cargos de la burocracia internacional y que guían las tendencias de la economía y, peor, de los desastres que agobian al planeta. Hoy, el contagio por el coronavirus...

Primero la vida

Me equivoqué, había dicho que el primer lugar de la protesta social colombiana, dictada desde el 21 de noviembre de 2019, era para los jóvenes. Hoy creo que no, las duras circunstancias del asesinato de líderes y lideresas sociales me han obligado a cambiar de opinión. Las estadísticas más conservadoras refieren más de 200 asesinatos al terminar 2019. Matar a un líder o una lideresa social es eliminar la ciudadanía activa, la ciudadanía que delibera, que divulga derechos y deberes, la ciudadanía que congrega, organiza a grupos sociales específicos. Matar a un líder social es matar a quienes piensan, leen, escriben y, muchas veces, cuestionan o discuten decisiones gubernamentales en legítimo uso del derecho a disentir. Los líderes sociales son el resultado genuino de una sociedad que intenta organizarse para hacer prevalecer derechos; su formación y presencia en la vida pública corresponden con la movilización permanente de fragmentos sociales que necesitan reivindicar asp...

Un poema

La vie C´est la pluie qui tombe Les feuilles mortes et les arbres nus Un jardin fleuri, des enfants perdus La grisaille après le soleil, la lumière suit la nuit Le temps qui coule dans nos mains comme l´eau, comme l e sable La fenêtre fermée et l´horizon oublié    Tout s´en va, tout revient C´est la vie qui passe, c´est la mort qui nous dépasse. Jeanne Akelelé (Paris, 2019)

Hace falta Estado

  El Estado es un gran problema, sino el principal problema en el acertijo de lo que hoy padece Colombia. Algunos colegas creen que estudiar lo político es abrirle el campo a un temario variopinto, por no decir light , de ocupaciones y preocupaciones adendas que dudo que nos lleven al meollo del asunto. Sin embargo, el Estado, que no es un fantasma o una cosa exótica o un embeleco que no quiere decir nada es, como el ogro de los relatos infantiles, el gigante que nos devora. En el caso colombiano, la historia del Estado es completamente desconocida, aunque nos refiramos a él con frecuencia coloquial. Sabemos poco del Estado y si averiguásemos un poco, estoy seguro de que eso ayudará a comprender la acumulación de conflictos sin resolver y que brotan en la superficie de la sociedad, a veces de un modo explosivo. El Estado colombiano ha sido, desde sus inicios republicanos, insuficiente, ruinoso, incompleto. La fundación de la república, luego de la separación española, estuv...