Mamá
Tina
Faustina
Isaza Zapata nació en Pueblo Rico (Antioquia) el 7 de febrero de 1894, por eso
solía recordar su infancia durante la guerra de los Mil Días (1899-1902);
recordaba un campamento acompañada de sus padres y abuelos, ella andaba con un
morral que a sus seis o siete años debía cargar en largas caminatas de una
tropa que, en la retaguardia, estaba compuesta de mujeres y niños. También
recordaba los discursos de Rafael Uribe Uribe, antes de que lo mataran a
hachazos en el centro de Bogotá; también dice que vio muy cerca a Enrique Olaya
Herrera y a Alfonso López Pumarejo; de Jorge Eliécer Gaitán recuerda los
discursos que escuchó en la radio, antes de que lo asesinaran. En 1940 salió de
Fredonia, donde vivía de lavandera y se había llenado de hijos, siete hijos de
cuatro padres diferentes, todos ellos hombres blancos de muy buenos apellidos,
hijos de dueños de haciendas que les gustaba visitar las orillas de ríos y
seducir a las mulatas lavanderas que creían -ilusionadas e ilusas- los
horizontes de prosperidad, amor y ventura que les dibujaban los mozalbetes
ricachones de Antioquia.
A
Faustina no le gustaba contar esa historia, menos le gustaba saber que era
mulata, que tenía trazos de negrura. “Desde chiquita me enseñaron a tenerles
miedo a los negros azulosos, negros ladrones y asesinos que no les importaba la
autoridad”. Ella era hija de negra y mestizo, por eso tenía trazos de mulata y
cuarterona, cabello ensortijado, piel broncínea y templada que tardó en ceder a
la acumulación de tiempo.
Mamá
Tina, como le decían sus hijos, o Mamita Tina, como le decían sus nietos, llegó
caminando a Montenegro desde Fredonia; su primera estación fue en Belálcazar,
adonde había llegado su hermana Angelina un año antes; Angelina atendía en una
cantina y le dio posada a su hermana Faustina que venía con los tres hijos
mayores, los más pequeños los había dejado al cuidado de un hermano en
Fredonia. “Vivimos, mal que bien, en Belálcazar y nos aburrimos porque no había
mucho qué hacer; no conseguí buen trabajo ni tierrita para cultivar”.
Un
día, las hermanas Angelina y Faustina se sentaron a tomar una decisión,
mientras sonaba de fondo un tango del malogrado Carlos Gardel: “Nos ibamos pa´Manizales
con los ahorros de Angelina y su hija Aurelia o nos ibamos pa´los cafetales de
los lados de Armenia, en Montenegro había un primo viviendo por el río La
Vieja”. Las hermanas resolvieron repartirse: Angelina se fue con su hija y
montaron un burdel en el barrio San Antonio de Manizales; Faustina le prestó un
hijo a su hermana y se fue con el resto de la familia a conocer los cafetales
quindianos.
-Aquí
llegué con mis hijos desgalamidos a una piecita donde mi primo Leonidas. Todos
conseguimos trabajo al otro día en una finca muy grande al borde del río La
Vieja. Yo ordeñaba vacas y lavaba ropas; Germán, el mayor, aprendió rápido a
arriar el ganao; Horacio y José Manuel se fueron a coger café. Al poco tiempo
tuvimos ahorros pa´ir a Fredonia a traer a los demás muchachos y a María, la
única hija mujer, y lueguito tuvimos con qué comprar un solar, este solar,
aquí, en la vereda El Castillo.
Sí,
aquí, en la vereda El Castillo, municipio de Montenegro, murió Faustina Isaza
Zapata el 12 de diciembre de 1992.
Pintado en la Pared No. 218.
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