La universidad pública
colombiana puede hacer un aporte muy relativo a la crisis social y política que
ha tenido expresión cotidiana en más de un mes de protestas callejeras. El acceso a la educación es apenas uno de los temas centrales en las demandas que han tomado la calle en este último mes; la situación de empobrecimiento de la gente joven ha puesto por delante otros asuntos como la necesidad de una renta básica mensual. La
Universidad del Valle, situada en el epicentro de esa protesta, tiene por
delante unos retos enormes para contribuir a brindarle mejores condiciones de
educación a la juventud que, con valentía, ha enfrentado la brutal represión del
gobierno Duque.
La apertura del
campus universitario.
El paso más inmediato
debe ser la reapertura del campus universitario; creo que están dadas las
condiciones de salud pública para un retorno progresivo a las clases
presenciales el semestre próximo y al funcionamiento regular de los servicios
de restaurante universitario, de la biblioteca central, del sistema de salud. Sobre
todo, es indispensable que la Universidad del Valle recupere las condiciones de
una vida en comunidad, dispuesta a reunirse, a discutir propuestas de reforma
académica y administrativa que la sintonicen con las demandas de la gente joven
de la región.
La ampliación
de su cobertura.
Algunos consideran
prioritario que la Universidad del Valle se instale definitivamente con una
sede en el oriente de Cali; allí debería construirse un nuevo campus que
ofrezca todas las carreras y programas académicos tanto de pregrado y de posgrado.
A esa propuesta yo me permito agregar que ese nuevo campus debería albergar por
lo menos 10.000 nuevos estudiantes y tener como una de sus premisas el
reclutamiento de al menos 50 jóvenes investigadores en todas las áreas del conocimiento
que puedan garantizar altos niveles en actividades de docencia, investigación y
extensión. Algo semejante debería emprenderse en el centro o norte del
departamento del Valle; una sede que acoja a estudiantes de esa zona del
departamento y que también irradie la influencia de la universidad en los
departamentos vecinos (Chocó, Quindío y Risaralda, principalmente). En asocio
con las universidades del Cauca y Nariño, la Universidad del Valle debería
ofrecer programas de pregrado y posgrado en beneficio de toda la población
juvenil del suroccidente colombiano.
Por supuesto,
proyectos de expansión de esta naturaleza demandan la aplicación de la matrícula
cero, las garantías de un presupuesto que les dé sustento al crecimiento de la
institución en la creación de nuevas sedes, a la formación y reclutamiento de
jóvenes doctores en todas las áreas de conocimiento, a la financiación de la
investigación.
La
investigación social en una región pluriétnica.
La riqueza pluriétnica
del suroccidente colombiana necesita ser examinada y valorada sistemáticamente
por las universidades públicas colombianas; la Universidad del Valle tiene que
corregir o reforzar en ciertos aspectos la investigación acerca de esa compleja
riqueza cultural de esta región del país. Para eso debe dar algunos pasos
inmediatos como, por ejemplo, la creación de un departamento de antropología con
un programa académico de pregrado. No puede ser que la principal universidad
del suroccidente colombiano vea como un asunto decorativo el estudio de la población
de esta región en su dimensión antropológica.
Al lado de eso es muy
importante la creación de un centro de investigación que reúna grupos
interdisciplinarios dedicados a investigar las dimensiones histórica, lingüística,
geográfica, médica, filosófica, antropológica, sociológica de la población y
los poblamientos de las ciudades y del mundo rural del suroccidente de
Colombia. La universidad pública colombiana tiene que comprometerse con el
rescate y difusión de saberes ancestrales, de las lenguas de las comunidades
originarias, de las cosmovisiones de todas las comunidades étnicas que
constituyen el variopinto paisaje cultural de esta parte del país.
Por supuesto, la
concreción de estos propósitos pasa por un necesario cambio cualitativo y
cuantitativo en los presupuestos para la educación superior en Colombia; pasa
por discusiones y acuerdos entre los miembros de nuestra comunidad
universitaria y entre la universidad pública y la sociedad de esta región. Por
eso sólo podemos hablar, hasta hoy, de propósitos de redefinición del lugar de
la universidad pública colombiana en una sociedad más incluyente y
participativa. Eso está por verse, eso está por lograrse en medio del cruento
sacrificio de nuestra gente joven en las calles de Colombia.
Pintado en la Pared
No. 231.
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