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Ciencia y política en tiempos de pandemia (1)

La Covid-19 ha sido una pandemia poderosa; un virus potente nos ha arrinconado en una cuarentena global acompañada de hambruna, ruina empresarial, mortandad, vileza política, desigualdad crónica; muerte, pobreza, marginalidad, corrupción se han juntado como amalgama en basurero. Este virus potente, se dice, será pasajero y vendrán otros. Muy curioso, desde fines del siglo 20 los científicos lanzaron alertas, iban a venir tiempos pandémicos y era necesario aumentar presupuestos de investigación para prevenirnos ante la multiplicación y mutación de los virus. Sin embargo, en las ciencias mismas habían despreciado el tema; los Estados concentraron sus presupuestos en otras prioridades: armamento, transporte, tecnología de comunicaciones. Las advertencias de la ciencia quedaron a un lado. Quienes advirtieron hace más de veinte años han tenido la razón, pero tenerla, ahora, es insuficiente. Los políticos han venido equivocándose de varias maneras. Al no atender los llamados apremian...

Tiempo pandémico

La experiencia colectiva de esta pandemia ha trastornado el ritmo de nuestras vidas; es una irrupción en nuestras rutinas, en nuestras agendas, en lo que teníamos previsto. Nuestro horizonte de expectativas ha mutado súbitamente por un hecho dominante. Para unos, llegó la interrupción mortal de la existencia; para otros, un cambio drástico en las condiciones de sus vidas, de sus proyectos, de sus vínculos laborales. Prioridades, proyectos y sueños han sufrido una sacudida tremenda por un hecho que impone un paréntesis con puntos suspensivos. La expansión de un virus del cual no tenemos aún vacuna ha trastornado nuestras percepciones sobre la vida pasada, la presente y la futura. Las analogías o las metáforas tratan de atrapar esta situación intempestiva. Algunos jefes de Estado acudieron a una retórica bélica para establecer una especie de economía de guerra que justifica el confinamiento general y exalta la batalla médica en los hospitales contra el ataque del coronavirus. El su...

Angustia

Hoy me aferro a una palabra que intente atrapar un sentimiento colectivo, esa palabra es angustia. Algunos psicólogos nos hablarán de un trastorno de ansiedad o de pánico y otros, quizás más freudianos o lacanianos, hablarán de la angustia. Yo lo hago por un apego etimológico; hoy estamos sumergidos en una angustia porque nos señala una condición de estrechez, estamos en un momento en que el mundo se ha vuelto angosto de muchos modos; por un lado, la inminencia de un peligro que puede hacer breves nuestras vidas, súbitamente breves. Por otro, estamos recluidos en espacios pequeños, con poco movimiento, con poca capacidad de acción, nuestro libre albedrío ha sido constreñido a unos pocos metros cuadrados. Imagino esas buhardillas de estudiantes en París, donde hay que sobrevivir en 9 metros cuadrados o esa prole numerosa y hambrienta en alguna habitación húmeda de Ciudad Bolívar, en el extremo sur de Bogotá, o en cualquier barrio marginal colombiano. Este tiempo es angustioso, ...

El virus profético

El virus Covid-19 ha despertado otra pandemia, la infección inherente a los profetas, a los agoreros de todo pelambre que, también muy sabios, son los oráculos de todos los males que el destino, la providencia, dios, la virgen y todas las fuerzas naturales y sobrenaturales (sobre todo estas últimas) nos tenían reservados a esta pobre humanidad “agobiada y doliente”. Entonces han hablado los profetas del Armagedón; este bicho microscópico era la plaga que faltaba para castigar todas las perversiones, todas las porquerías mundanas que hemos cometido en nuestras míseras existencias. De modo que, si hacemos bien las cuentas cristianas, esta es como la sexta plaga que faltaba para desatar una limpieza global de pecadores y sólo sobrevivirán los que han sabido esperar el retorno de Cristo; y ese honor sólo lo tendrán aquellos cuya fidelidad fue imperturbable. Por eso solemos decir, cuando se avecina una calamidad, que “nos coja confesados”. Todos los que tengamos un déficit en la caj...