AVATAR: CIENCIA, POLÍTICA Y FICCIÓN
Pintado en la pared 24
Al doctor Manuel Ballén, por su provocadora invitación.
“Hasta que llegaron los adultos a poner problema en algo tan divertido”.
Susana, 10 años.
Hay que ir a una sala de cine de pantalla gigante, llevar lentes de tercera dimensión, una buena porción de pop corns, una botella de agua para evitar –pequeño gesto de resistencia y dignidad- el veneno de la Coca-Cola. En una silla en la mitad de la sala –bueno, en Cali lo mejor es sentarse lo más lejos posible de la pantalla- estaremos durante casi tres horas sumergidos en el vértigo de un viaje hacia un futuro que está más allá de ciento cincuenta años de nosotros. Saldremos exhaustos de imágenes y movimiento, pero también hambrientos, deseosos de comenzar a digerir todo ese mundo posible que nos han inventado.
Avatar parece la concreción virtuosa y perversa a la vez de un viejo sueño imperialista, declarado alguna vez en la ebriedad de la expansión británica en África por uno de sus más rutilantes “héroes...