domingo, 17 de julio de 2016

Pintado en la Pared No. 142-La investigación en ciencias humanas (III)

El misterio del problema

Parece claro que los problemas de investigación surgen en medio de una tensión y que el investigador es un sujeto situado en ese cruce de tensiones. Al formular su problema de investigación revela una decisión importante porque es una adhesión a algo, porque ha elegido situarse en algún lugar. Y decíamos que lo ideal es la búsqueda de  un punto de equilibrio, de una especie de síntesis. Sin embargo, hallar esa síntesis no es sencillo  porque exige auto-consciencia. Entre otras cosas, no es sencillo porque esa introspección no se enseña o practica de modo sistemático, pertenece a una órbita de formación individual o a una excepcional relación con uno o varios maestros. En los talleres o seminarios de investigación no debería hablarse de inmediato de métodos o prácticas o procedimientos; quizás sea mejor empezar por descifrar cuál lugar ocupamos y cuál pretendemos ocupar en nuestros campos de conocimiento.
La investigación no es un acumulado de técnicas de pesquisa; la investigación retrata actitudes nuestras ante la vida, delata adhesiones y hasta intransigencias. Múltiples fuerzas externas nos moldean. Los debates, las modas temáticas, los autores canónico son, en buena medida, sucesos disciplinares en que intervienen instituciones, grupos sociales, organizaciones políticas. Cada uno de esos agentes quiere tener algún control de los campos de saber, quiere imponer agendas y prioridades; además luchan por recursos para la investigación. Nuestras disciplinas no santuarios ni lugares asépticos; la pureza disciplinar no existe y, en consecuencia, los sujetos investigadores estamos hechos por nudos de interferencias. Eso sí, un sujeto investigador que sea reflexivo sabrá buscar una solución, así sea provisoria, en ese universo de tensiones e intereses.
Ser reflexivo significa saber situarse, saber decidir en cuál lugar ha decidido situarse según el problema de investigación que ha escogido. Visto así, un problema de investigación es toda una revelación, para sí mismo y para los demás. Pero llegar a ese momento crucial, tan determinante, merece un ejercicio de auto-análisis que, insisto, no suele ser el principal ejercicio formativo de los investigadores.
Pierre Bourdieu hablaba, al respecto, de la vigilancia epistemológica y le daba importancia a un ejercicio auto-biográfico. En todo caso, la reflexividad del sujeto que investiga es una premisa formativa. Aprender a situarse no es la búsqueda de una solución personal, casi íntima al modo de situarse en la vida de una u otra forma de conocimiento en las ciencias humanas; no se trata simplemente de eso. Se trata, mejor, de entender el pasado, el presente y el futuro de nuestras disciplinas y el lugar que nos ha correspondido en ese amplio paisaje; es el esfuerzo por entender cuál es el margen de maniobra que tenemos para movernos en un campo de saber. Situarnos significa saber, por ejemplo, cuáles han sido las corrientes y tendencias fundacionales de un saber; cuáles han sido los hallazgos y vacíos; cuáles han sido y son las agendas de investigación de las instituciones, los grupos sociales y organizaciones políticas que nos rodean y cuáles son los grados de interferencia de todo eso sobre nosotros.

Ese examen dilucida, pone ante nosotros un panorama de posibilidades, estrecheces y hasta mezquindades; nos informa acerca de rivalidades, obstáculos y aliados estratégicos. Y ese examen no puede ser solitario; es una conversación, como si fuese un acto terapéutico. Es un pensamiento en voz alta en que intervienen nuestros compañeros de generación, nuestros condiscípulos, nuestros tutores o maestros. Es una conversación con ese microcosmos reproductor de influencias y tendencias. Esa actividad debería ser premisa en el proceso de elección de un asunto de investigación; supone que ayuda a darle fundamento existencial a lo que va ser nuestro problema de investigación. Elegir un objeto de estudio es una elección que vincula algún grado de pasión, de amor por algo. Un objeto no se elige por un simple procedimiento atado a la letra menuda de un manual de investigación. Un objeto es nuestro objeto de estudio por una razón que hay que saber explicar. Ese objeto nos acompañará por un buen tiempo, ayudará a definirnos, nos pondrá en un lugar del universo disciplinar; así que no se trata de una elección baladí. Tiene el encanto de un misterio. 

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