jueves, 22 de abril de 2010

MICRO-RELATOS DESDE STRASBOURG A LA COLOMBIANA

Pintado en la Pared No.28

Enrique Uribe Carreño es un profesor universitario colombo-francés; casado con una profesora alemana. Enseña cátedras de sociología y literatura española en la Universidad de Strasbourg y en el Instituto de Estudios Políticos de esa ciudad, es doctorando en Ciencias Políticas y co-autor del libro La Colombia aujourd’hui vue par la presse colombienne (Paris, L’Harmattan, 2007). Su casa ha sido refugio y lugar de amenas tertulias en que se pueden escuchar todas las lenguas posibles. Le ha permitido a nuestro Pintado en la Pared publicar una pequeña selección de sus micro-relatos que pronto aparecerán en libro.

Geopolítica de la fe
Cuando toda la curia romana, ya completamente resignada ante la irreparable hecatombe, se alistaba para despedirse para siempre de la dulce vida de los palacios vaticanos, Alfonso Mejía, consejero espiritual, y Gustavo Villamizar, asesor financiero del Papa Constantino XXI, tuvieron la inesperada idea de proponerle a Su Santidad que, en lugar de pedir perdón y convertirse en el sepulturero de la Iglesia, se aliara al brazo radical del Islam y, esta vez juntos, emprendieran una nueva cruzada. Roma pondría el oro y los herederos de Mahoma el moro.

El calor del amor
Instalada en el umbral de la gran galería, la reina dominaba el vasto zaguán. Muy cerca, con una pose que contrastaba con su vida envuelta en el escándalo, Charles trataba de secundarla. Detrás, Diana y Camila, llevaban de la mano a los herederos de la Corona. Las cosas no fueron tan simples como se esperaba. En las noches, las dos mujeres del príncipe reñían y, en el calor de las encarnizadas peleas, a Charles se le caía la cara de la vergüenza. Durante algún tiempo, las autoridades buscaron la constelación perfecta, pero siempre pasaba lo mismo. Y a pesar de que la familia real inglesa fuese la mayor atracción, no hubo otro remedio que separarlos y enviarlos a museos de cera diferentes.

Determinación Indocumentada
Esa madrugada, apenas comenzada la ascensión hacia el piso 72, donde hacía la limpieza de los enormes ventanales, el indocumentado fue percibiendo una extraña sensación que paulatinamente se apoderó de nervios y músculos como si fuera un presagio, dejándole una especie de vacío en la boca del estómago.Colgado de los vidrios, su estado cambió de súbito. Ahora se sentía poderoso e invencible. Llevado por una fuerza y una misión inexplicables, comenzó a tararear Eleonor Rigby, compadeciéndose de esa gente que allá abajo andaba por el mundo sin saber adónde ir.Eran las 8 y 45, cuando a lo lejos, en el reflejo de los vidrios recién lavados, observó algo demasiado inusual, vio entonces que una colosal masa metálica avanzaba hacia él. Con una determinación instintiva, el clandestino Nepomuceno Colón González desenvainó el revólver y esperó hasta tenerla en frente.Vació el tambor produciendo las primeras detonaciones de aquel día. Antes de morir, al ver que había hecho plena diana en el turbante verde del piloto, sonrió.Nadie nunca se enteraría de la temeraria acción de aquel ignorado lava-vidrios, quien, en todo el imperio, fue el único que combatió a los invasores del 11 de septiembre.

Guajira Guantanamera
Aquel día, mientras Alain Hamed y sus amigos visitaban una mezquita en El Cairo, un comando de marines se coló en el recinto y se llevó a todos los fieles a veranear a Guantánamo. Qué se iba a imaginar, años atrás, que la letra de aquella canción latinoamericana que tanto le gustaba y cuyas palabras las relacionaba con el paraíso del que le hablaba el libro sagrado, resultaría ser, en la realidad, el mismísimo Infierno, al que aludiera el profeta.

Sobrevivientes
Esa tarde, muy asustado, el contador Eugenio Morizzete fue directamente al grano: -la única solución para salvar la empresa era deshacerse de la mitad de la plantilla y, por supuesto, habría que comenzar por los más viejos. Don Rafael Mogoté Montero se sintió acorralado y sin fuerzas para contraatacar, pudiendo solo ordenarle a Morizzete que se las arreglara como fuera para no volver a pagar los millonarios impuestos y otras tasas obligatorias que lo estaban hundiendo. Cuando, al cabo de dos lustros, Impuestos descubrió la colosal defraudación, la bancarrota de la Zapatería Mogoté fue total. Ya no importaba: toda la plantilla de los veteranos se había jubilado.

Laberinto posmoderno
Tras haber olvidado por entero a Ariana, y al ver a Teseo deambular sin rumbo fijo, Oscar Carreño Sardinero pensó que había llegado el momento propicio para proponerle su gran proyecto: convencer al Minotauro para que, en lugar de comerse a las jóvenes que Minos le ofrecía anualmente en sacrificio, las contratara, y, así, todos juntos, abrieran un laberinto de atracciones en el que los millones de solitarios del mundo entero vinieran a perderse

Abril de 2010

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