lunes, 28 de mayo de 2012

Pintado en la pared No. 69




Un día contra un sistema
El 15M español en la crisis de los mercados
Parte II
Alfonso Rubio



Con media España celebrando los acontecimientos y la otra media alarmada por ellos, los comicios municipales y autonómicos del 22 de mayo se celebraron y el ascenso del voto nulo, depositado esta vez con toques irónicos o sarcásticos, se achacó a un 15M que todavía se mantenía en tiendas de campaña callejeras. La suma general de abstenciones, votos en blanco y votos nulos fue muy superior a la de otras elecciones. La mayoría de los votos nulos traían poesías dedicadas a dirigentes políticos; frases como “estamos hartos”, “¿cuándo nos vais a sacar de esta crisis?”; papeletas con imágenes tomadas de internet alusivas al 15M y eslóganes que ya se habían hecho populares como “mucho chorizo para poco pan”, “me sobra mes a final de sueldo”. Fueron en realidad votos nulos, pero cargados de mensaje contra una clase política, así decían las proclamas, que “no nos representa”.

Mientras esto ocurría, recordemos, los estudiantes de Chile demandaban en las calles una educación pública y más igualitaria. En el mes de julio, en Israel cientos de ciudadanos se manifestaron por la justicia social, sobre todo contra la carestía de la vivienda; y en agosto Inglaterra ocupaba las titulares de la prensa por los disturbios sociales de Tottenham (barrio londinense particularmente castigado por la crisis, el desempleo y la falta de oportunidades) que se expandieron por el Gran Londres y que aumentaron la presión policial. Los recortes sociales de la coalición conservadora-liberal inglesa que ahora gobierna han dejado mostrar el trasfondo de la situación actual: una juventud que no ve, ni a corto ni a largo plazo, una favorable coyuntura de futuro y que, como la del 15M español, ahora mismo enmarcada en una mayor crisis, permite ver altas tasas de abandono escolar, de desempleo, precios todavía exorbitantes de la vivienda, aumento de los ni-nis y aumento de la pobreza para la cual Cruz roja ya ha dado la voz de alarma.

Pero, en contra de los disturbios violentos londinenses, los “indignados” del 15M optaron desde el comienzo y con claridad por la no violencia. Creen en la convivencia democrática para regenerar la política y el funcionamiento de los poderes bancarios y financieros (los mercados) que se han impuesto al poder político. Es la “no violencia” proclamada por Stéphane Hessel a sus 93 años en ¡Indignaos! Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica. “¡Indignaos!” es un breve panfleto escrito en el 2010 llamando a la juventud francesa a la rebelión pacífica contra los abusos del poder económico. El libro, prologado por el conocido escritor español José Luis Sampedro, fue editado en España en febrero de 2011, poco antes de ver en acción a los manifestantes del 15M que adoptaron para sí mismos el apelativo de “indignados”. “Indignaos” grita Hessel a los jóvenes “porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia”. Teniendo en cuenta el mensaje sartreano de que la responsabilidad del hombre no puede encomendarse ni a un poder ni a un dios, pues somos “responsables en tanto que individuos”, Hessel recuerda los logros conseguidos después de la Segunda Guerra Mundial en el campo de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social y los avances del Estado del Bienestar, al mismo tiempo que señala o advierte de los actuales retrocesos que estamos sufriendo en ellos y del peligro que implica no distinguir entre opinión pública y opinión mediática, pues los medios de comunicación, dice, “están en manos de la gente pudiente”.

Bajo el imperativo “Indignaos”, al que más tarde le acompañaría el Comprometeos (Destino, 2011), el movimiento español exportó su protesta y el 15 de octubre los cánticos contra la banca y los políticos se unieron en medio mundo: en las principales ciudades europeas y en ciudades como Tokio, Sidney, Seúl, Auckland, Kuala Lumpur, Buenos Aires, Santiago de Chile, Sao Paulo, Los Ángeles y Nueva York. Los indignados neoyorkinos (Occupy Wall Street) lograron enorme repercusión desde su manifestación del 17 de septiembre, recibiendo el apoyo de la izquierda y de los sindicatos, y Obama demostró con sus declaraciones estar en la misma encrucijada económico-social que algunos Gobiernos europeos, viendo con preocupación que la crítica hacia el sistema de democracia representativa derivara hacia una crítica del sistema mismo.

Pero realmente, el 15M español, pocas semanas después de los comicios del 22 de mayo, perdió parte de su visibilidad social, aunque ahora, después de un año, sigue activo a través de grupos y comunidades en redes sociales (Juventud Sin Futuro, Democracia Real Ya) y a través de iniciativas en asambleas de barrios, de cooperativas, de movimientos vecinales que se habían anquilosado en España y que el 15M ha revitalizado entre los sectores sociales más marginados y empobrecidos por la crisis económica. El movimiento se ha diluido al trasladarse a los barrios y aunque se oigan voces diciendo que el espíritu del 15M está más vivo que nunca, por ahora el único impacto que ha producido en el Congreso de los Diputados ha sido la admisión a trámite de la iniciativa popular a favor de la dación en pago para los afectados por el impago de las hipotecas inmobiliarias.

Después de un año, la celebración de su aniversario ha dejado ver que el Estado ha recuperado un papel predominante no para atender las críticas y las propuestas del 15M e incorporarlas al debate político, sino para apoyar al capital. La posición cómoda del PP y un sentimiento de autoconfianza de quien ganó legítimamente sin ni siquiera ofrecer propuestas, aumentó el control policial y restringió la visibilidad en las celebraciones de este aniversario. En un año transcurrido los recortes sociales que comenzaron con Zapatero se han ido sucediendo hasta alcanzar las mayores cotas justamente, como dijimos al comienzo, ahora, en un 17 de mayo de este 2012.

Si la socialdemocracia española o europea ha perdido identidad y ha visto quebrarse la idea de progreso ante esta crisis, frente a Nicolas Sarkozy, la reciente victoria del socialdemócrata François Hollande en Francia (nuevo presidente desde el 15 de mayo) y el descenso de intención de voto para los partidos de derecha o el centro-derecha que gobiernan en los países europeos, son hechos que vienen a ratificar que la crisis económica está golpeando a todos los partidos gobernantes, sean del color que sean. Ni unos ni otros, siempre de la mano de la Alemania de Angela Merkel,  encuentran el camino, y ante la mala o difícil gestión de la crisis, del mercado de trabajo y de la inmigración, se incrementa el voto de la extrema derecha.

Ya desde el 2008, con la quiebra de Lehman Brothers, una compañía global de servicios financieros de Estados Unidos, pero con mayor intensidad durante los años de 2011-2012, en la prensa escrita, en los noticieros de la radio y la televisión, en las casas, en los bares y en las calles españolas, no se habla de otra cosa sino de crisis y ésta se traduce en un sinnúmero de hechos que cotidianamente nos rozan: cierre de establecimientos y de pequeñas empresas, despidos masivos con o sin ERE (Expedientes de Regulación de Empleo), familias numerosas donde no hay ni una sola entrada salarial, obreros que después de más de veinte años trabajando pierden su empleo con más de cincuenta de edad, interinos de la educación y de la sanidad que no volverán a su puesto de trabajo, falta de ofertas de empleo, retorno de emigrantes, emigración fuera del país de recién licenciados españoles en busca de salidas laborales, recortes salariales entre el funcionariado y las empresas privadas, disminución de pensiones y, por supuesto, falta de crédito. Este es el tono diario, no producto del pesimismo europeo, de miles y miles de páginas que hablan sobre la “crisis” y, junto con ella, de la obediencia que debemos profesar a otro concepto, el de “austeridad”, o sea, la mortificación de los sentidos y de las pasiones en el gasto público.

Junto a la palabra “crisis”, en los sectores laborales y en el marco de la Reforma Laboral emprendida por el Gobierno español, se oye decir con frecuencia otra palabra: “flexibilidad”. El discurso conservador dirige sus intereses hacia la mercantilización del trabajo bajo el concepto de flexibilidad que reduce las opciones a un empleo estable y duradero, aumenta la inseguridad de poder establecer proyectos de futuro y, como está ocurriendo, si los trabajadores antes eran unas “explotados”, ahora se consideran unos “privilegiados”, por muy modestas que sean las ganancias. “-Al menos tienes trabajo” es una frase frecuente de escuchar cuando en una ya típica conversación sobre la crisis, en un momento dado, un desempleado se dirige a un trabajador en activo. Posiblemente, no es fácil comprobarlo, el tema de la crisis haya desbancado al tema del fútbol en las conversaciones de cafetería hasta el hartazgo, de ahí que, con simpatía, en algunos de estos establecimientos, sus dueños hayan colgado el cartel de Prohibido hablar de la cosa.

El neorrealismo ha vuelto, aumentan los robos de todo tipo y cuantía y los ladrones de un banco italiano justifican su acción ante una “dramática crisis”. La política se muestra impotente, hay un acelerado ritmo de destrucción de las clases medias, enormes urbanizaciones sin compradores, escuelas sin maestros, hospitales sin médicos, aeropuertos sin vuelos, arrogantes bancos o cajas de ahorro que ahora piden limosna al empobrecido Estado; escombros, ruinas que hacen volver la mirada a esa construcción de bienestar social que Europa supo forjar en una larga posguerra.

El crecimiento del capitalismo europeo a partir de la segunda mitad del siglo XX junto al crecimiento del Estado del Bienestar proporcionaban protección en caso de enfermedad, de desempleo o jubilación, y nosotros, generaciones que nacimos a partir de los años 60, hemos crecido, no sin el trabajo de muchos y el fin de la dictadura franquista, con una mejora de vida sustancial que no tuvieron nuestros padres, con acceso general a la educación y a la sanidad y con un funcionamiento más o menos estable de la Administración Pública. Es traumático, por impensable primero, por sus consecuencias después, ver ahora que en pocos años muchos de los logros sociales conseguidos entonces vienen retrocediendo a pasos gigantescos y Unicef  alerta por estos días de que los niños son por primera vez el colectivo más pobre en España. El 26% de ellos (2,2 millones) vive en hogares por debajo del umbral de la pobreza.


Reivindicaciones sindicales necesarias canalizaban o conseguían objetivos de mejora sociolaboral y hoy en día parecen desacreditadas por la ineficacia de sus huelgas o propuestas, una evidencia que hace cierto el declive de la clase trabajadora y de los sindicatos en la era que algunos llaman posindustrial. Ahora, los nuevos movimientos sociales como el 15M tienen difícil cauce de representación institucional y ante desórdenes sociales, los Gobiernos están aplicando acciones de mayor control policial (Sarkozy ya en los disturbios franceses de Saint-Denis en el 2005, cuando era ministro del interior, proclamó aquello de “tolerancia cero”) en aras de mejorar (si ahora está fallando) el capitalismo financiero y especulativo.

Hoy en día, cualquier suramericano que desembarque en la antigua metrópoli percibirá enseguida que las cuentas del imperio ciertamente ya están muy amarillas. Escuchará gritos extraños: hay emergentes atractivos, pero pendientes del riesgo global; la asociación internacional de derivados bendice el acuerdo de pérdidas voluntarias, la recesión es un coste necesario para poder crecer más rápido en el futuro, pero la austeridad sin estímulos está destruyendo a las clases medias; el Fondo Monetario Internacional dio a conocer sus perspectivas de invierno y el espectro de la pobreza y el desempleo lo sobrevuela; la reestructuración de la eurozona será un desafío y la austeridad no es la única estrategia; la mesa de discusión Las semillas de la distopía se centró en cómo evitar que los 225 millones de desempleados de todo el mundo pierdan la fe en el capitalismo y en las instituciones pública. Con toda seguridad, exclamará: ¡¡Ma c’ubah tahn, ma c’ubah tahn!!

Sí, las crisis económicas son tan viejas como los propios mercados, pero pueden traer consecuencias catastróficas en el terreno político. El 15M español recuerda que otra política es posible, pero los resultados electorales dijeron que hay un sistema establecido. Seguiremos, pues, formando todos nosotros (el “99%”)  parte de un gran experimento económico realizado por un “1%” que antes se llamaba “economía de libre mercado” y ahora se vuelve a llamar “capitalismo”. La crisis ha desenmascarado parte de ese experimento de excesos movido por el individualismo y el interés propio y hoy en día sabemos que los flujos financieros de unas nuevas transacciones digitales mantienen en perpetuo movimiento la totalidad del globo. Todos lo sabemos, pero nadie lo entiende.



Logroño, 20 de mayo de 2012

miércoles, 23 de mayo de 2012

Pintado en la pared No. 68



Un día contra un sistema
El 15M español en la crisis de los mercados
Parte I

Por: Alfonso Rubio
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Cuando me pidieron un poema de guerra

Pienso que sea mejor que en tiempos como estos
la boca de un poeta esté en silencio: en puridad
no tenemos el don de corregir al estadista;
ya se ha comprometido lo bastante quien contenta
a una muchacha en la indolencia de su juventud,
a un hombre viejo en una noche de invierno.


William Butler Yeats



Pero sí hay algo así como una conciencia de crisis que se alimenta del riesgo y que representa precisamente ese tipo de amenaza común bajo la forma de una nueva especie de destino colectivo. La sociedad del riesgo global –según muestra el clamor del “99%”- puede alcanzar en un momento cosmopolita un concepto reflexivo de sí misma. Esto se hace posible cuando la manifestación objetiva de la situación se puede transformar en un compromiso político, en un Movimiento Ocupa global, en el que todos salen a la calle, virtual o efectivamente.


Ulrich Beck. Indignados, entre el poder y la legitimidad.
Diario El País (España), jueves 10 de noviembre de 2011.



El 17 de mayo de este presente año de 2012, el Partido Popular (PP) español convalidó en el Congreso de los Diputados por medio de dos reales decretos los mayores recortes económicos de la democracia en asuntos educativos y sanitarios. El PP habla de “respuestas excepcionales a circunstancias excepcionales”, de “soluciones de emergencia para problemas urgentes”, de que esto, junto a otras medidas de ajuste, es “la única forma de asegurar la sostenibilidad del sistema”. Bajo estos argumentos, contundentes para cumplir con las exigencias anticrisis europeas de reducción del déficit del PIB y satisfacer una de las preocupaciones de los mercados, el PP, imprimiendo velocidad a sus reformas y queriendo ofrecer una imagen de Gobierno firme, impone su mayoría absoluta para evitar que los Reales Decretos sean tramitados como proyectos de ley y puedan debatirse por el resto de grupos parlamentarios incluyendo enmiendas o subsanando deficiencias.

Plenamente convencido de su fuerza, de que los “tijeretazos” que da son el buen camino para salvarnos de la crisis, el PP está marcando “estilo absolutista” de gobierno por medio de un récord en la democracia española de 20 decretos leyes que hasta el momento ha impuesto sin diálogo previo. Buscando precisamente a un salvador, la mayoría absoluta parlamentaria se la dieron las elecciones generales adelantadas del 20 de noviembre de 2011. Las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo del mismo año ya le habían concedido una aplastante victoria. Fueron justamente estas elecciones las que generaron numerosas expectativas a lo que se ha denominado Movimiento 15M.

Indignados ante la gestión de los atentados del 11M en Madrid, los ciudadanos españoles iniciaron en el año 2004 una etapa bajo el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero que se cerraba de nuevo con la indignación ciudadana del 2011, una indignación, esta vez, de otro tipo y de más hondo calado. Confundidos, sin saber todavía si estábamos ante un decrecimiento, una recesión o una crisis, el gobierno socialista y su discurso socialdemócrata fue debilitándose e hizo insostenible las propuestas de asegurar el Estado del Bienestar eliminando prestaciones sociales. El gobierno no escuchaba a los ciudadanos porque la socialdemocracia europea no ha sabido adaptarse a los grandes cambios que se han producido en los últimos años con una globalización que día a día añade a la economía mundial un mayor número de consumidores (oportunidad) y productores (competencia).

Sin saber gestionar el Estado del Bienestar en un contexto complejo y de creciente competencia y diferenciaciones sociales, los ciudadanos demandan a sus representantes gubernamentales una respuesta a las inseguridades del mundo actual. Bajo este trasfondo de malestar general, durante los meses de marzo y abril de 2011, en el entorno universitario de grupos como Juventud Sin Futuro, se suceden en España protestas juveniles contra el incremento del desempleo, la precariedad del trabajo, los recortes presupuestarios en educación, la subida de tasas universitarias y el incierto futuro laboral que pronostica la cris económica. Los sucesivos casos de corrupción política que iban apareciendo se sumaban al clima de malestar y ante la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, días antes, el 15 del mismo mes, España se convirtió en protagonista de movilizaciones sociales, críticas con la situación actual de la sociedad y el sistema capitalista que nos envuelve.

La plataforma Democracia Real Ya, que apenas contaba con tres meses de vida, se organizó a través de internet y convocó las movilizaciones del 15M. En la Red se colgó su manifiesto y ahí se coordinaron múltiples adhesiones. Sus propuestas, todavía hoy vigentes, pueden verse en Wikipedia y en esencia quieren reformar aspectos, por medio de una “democracia participativa y directa con parte activa de la ciudadanía”, que tienen que ver con la Ley Electoral, con la atención a los derechos básicos de la Constitución, con la fiscalidad, las condiciones laborales de la clase política, el funcionamiento de la banca y los mercados financieros. La convocatoria funcionó de la manera como funcionan las redes, impredeciblemente, con un fuerte componente de azar. La comunidad creó vídeos, material propagandístico y la gente salió a la calle. El movimiento 15M comenzó a crecer exponencialmente, plazas de numerosas ciudades españolas fueron centros de debate y de reivindicaciones. Con formas de organización pacífica y responsable, las manifestaciones se consolidaban aumentando el número de asistentes que mediante acampadas consiguieron resistir para seguir reivindicando una “nueva conciencia política y social” sin representar a ningún partido ni asociación. El Partido Socialista de Zapatero flexibilizó las medidas que permitieron prolongar su estancia y el PP y los comerciantes que se veían perjudicados en la mengua de sus negocios exigieron medidas policiales contundentes de desalojo.

Las redes sociales, en continuo funcionamiento, agrandaban la malla y la etiqueta #spanishrevolution centró la atención del momento en Twittet. La web tomalaplaza.net fue recogiendo todas las plazas que se iban sumando a las protestas y se creaban nuevos hashtags, nuevas etiquetas para que las manifestaciones se mantuviesen en Twitter (#acampadasol, #nonosvamos, #yeswecamp, #democraciarealya, #notenemosmiedo, #tomalaplaza, #pijamabloc), y hashtags descentralizados (#acampadabcn, #acampadavalencia). Paradójicamente, el mundo virtual de las redes sociales (Linkedin, Twitter y Facebook), empresas privadas, nacidas y desarrolladas en el liberalismo económico de Estados Unidos, se convierten en el resorte de unas movilizaciones críticas con el funcionamiento de la economía de mercado actual, de las finanzas y del sistema bancario internacionales.

Los noticieros y la prensa de todos los países del mundo daban cuenta de esta inesperada y pacífica “spanishrevolution” y la protesta se extendió por embajadas españolas como las de Londres y Bruselas, donde también se concentraron jóvenes españoles. Tal vez por el entusiasmo de los manifestantes y la imaginación que desprendían sus eslóganes, el 15M se comparó con el mayo francés del 68; por su inspiración en las redes sociales, con las manifestaciones que desde Túnez a Siria luchaban de forma masiva y pacífica contra los regímenes autocráticos del mundo árabe. Se vieron referentes en la revuelta de Grecia de 2008, iniciada a raíz de la muerte de un joven por el disparo de un policía en Exárjia, un barrio céntrico de Atenas, y ligada a un descontento social y reclamos de orden económico; en los movimientos de Islandia producidos a raíz de su crisis financiera de 2008-2009; en los “girotondi” italianos que salieron a expresar pacíficamente su indignación contra el estilo de Berlusconi. Hubo, en fin, hasta quien lo comparó con la Revolución de 1854 que originó el bienio liberal del General Espartero, cuando a comienzos de ese año, el pueblo madrileño ocupó la Puerta del Sol para protestar contra el Gobierno del Conde de San Luis, un personaje corrupto e impopular; para protestar, en definitiva, contra un sistema que no funcionaba y contra los privilegios de la clase política dirigente.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Pintado en la Pared No. 67



Investigación y ciencias humanas en Colombia



Algunas de nuestras universidades públicas y Colciencias, la institución del Estado que pretende regular y promover la investigación en Colombia, nos tienen sometidos a un vaivén de interpretaciones de las propuestas de cambio en las formas de medir y clasificar la investigación y sus productos. Hay una discusión que, como ya es costumbre, no parte de premisas claras. A veces ni sabemos cuál es el verdadero documento oficial que nos convoca a discutir; muchas otras veces se percibe que los funcionarios ya tienen una posición tan inamovible que es simplemente inútil la discusión. Pero, en fin, hay algunas cosas claras: el modelo de medición que pretenden implantar tiene la intención de ponernos en los estándares internacionales y, como ya es costumbre, se basa en adoptar modelos que funcionan en otras partes para regular y clasificar niveles de investigación y de producción intelectual.

Pero también es claro que el modelo en discusión no está basado en un diagnóstico certero de la situación de la investigación en Colombia, de lo que ha funcionado bien o lo que estamos haciendo mal o acerca de lo que nos falta o nos sobra. Y tampoco está sustentado en un cambio cualitativo en la asignación de recursos, en el control y distribución de recursos con tal de que se vuelva atractivo investigar. Ya lo han dicho en la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, la propuesta de medición es digna del primer mundo, pero la quieren aplicar en un país donde la asignación de recursos de investigación es la de un país del cuarto mundo. Colciencias es una institución raquítica que no tiene capacidad para brindar apoyos sustanciales a los investigadores colombianos; su propia planta de personal es insuficiente y su propio estatus es poco relevante.

Otra cosa evidente; el modelo de medición es selectivo y propicia una más amplia brecha entre las ciencias “duras” y las ciencias “blandas”. Algunos funcionarios universitarios, que no merecen serlo, ya lo han reconocido y aceptado; el modelo beneficia a las ingenierías y a la medicina. Y, he ahí un punto de discusión que no ha logrado concitar una voluntad colectiva fuerte aún, las ciencias humanas quedan condenadas al rezago; los investigadores y sus publicaciones y sus revistas especializadas y sus grupos de investigación vamos a quedar en una situación aún más residual de la que hemos tenido hasta ahora.

El dilema en que estamos nos advierte que algo tenemos que hacer, a parte de criticar las fisuras del modelo y los desastres previsibles para determinadas comunidades científicas. Tenemos que hacer, por nuestra parte, un balance de lo que han sido las ciencias humanas y sociales en Colombia en por lo menos los dos últimos decenios. No nos hemos reunido a examinar qué ha sido de la investigación en las diferentes disciplinas de las ciencias humanas y sociales, qué hemos consolidado, qué hemos olvidado, cuáles han sido nuestras prioridades o excesos o flaquezas en la investigación. Cada disciplina, sin duda, se ha consolidado y ha logrado una gran capacidad de convocatoria, pero no creo que eso concuerde con una capacidad de discusión acerca de avances, estancamientos o retrocesos en la formación de investigadores, en la creación de conocimiento acerca del país. Todavía nos falta, entre nuestras deficiencias, convencer a nuestros colegas más cercanos, esos decanos, vicerrectores y rectores de algunas de nuestras universidades -a la misma Colciencias- que todavía no entienden para qué diablos sirve investigar en las ciencias humanas.         

Gilberto LOAIZA CANO, mayo de 2012.

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