miércoles, 16 de mayo de 2012

Pintado en la Pared No. 67



Investigación y ciencias humanas en Colombia



Algunas de nuestras universidades públicas y Colciencias, la institución del Estado que pretende regular y promover la investigación en Colombia, nos tienen sometidos a un vaivén de interpretaciones de las propuestas de cambio en las formas de medir y clasificar la investigación y sus productos. Hay una discusión que, como ya es costumbre, no parte de premisas claras. A veces ni sabemos cuál es el verdadero documento oficial que nos convoca a discutir; muchas otras veces se percibe que los funcionarios ya tienen una posición tan inamovible que es simplemente inútil la discusión. Pero, en fin, hay algunas cosas claras: el modelo de medición que pretenden implantar tiene la intención de ponernos en los estándares internacionales y, como ya es costumbre, se basa en adoptar modelos que funcionan en otras partes para regular y clasificar niveles de investigación y de producción intelectual.

Pero también es claro que el modelo en discusión no está basado en un diagnóstico certero de la situación de la investigación en Colombia, de lo que ha funcionado bien o lo que estamos haciendo mal o acerca de lo que nos falta o nos sobra. Y tampoco está sustentado en un cambio cualitativo en la asignación de recursos, en el control y distribución de recursos con tal de que se vuelva atractivo investigar. Ya lo han dicho en la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, la propuesta de medición es digna del primer mundo, pero la quieren aplicar en un país donde la asignación de recursos de investigación es la de un país del cuarto mundo. Colciencias es una institución raquítica que no tiene capacidad para brindar apoyos sustanciales a los investigadores colombianos; su propia planta de personal es insuficiente y su propio estatus es poco relevante.

Otra cosa evidente; el modelo de medición es selectivo y propicia una más amplia brecha entre las ciencias “duras” y las ciencias “blandas”. Algunos funcionarios universitarios, que no merecen serlo, ya lo han reconocido y aceptado; el modelo beneficia a las ingenierías y a la medicina. Y, he ahí un punto de discusión que no ha logrado concitar una voluntad colectiva fuerte aún, las ciencias humanas quedan condenadas al rezago; los investigadores y sus publicaciones y sus revistas especializadas y sus grupos de investigación vamos a quedar en una situación aún más residual de la que hemos tenido hasta ahora.

El dilema en que estamos nos advierte que algo tenemos que hacer, a parte de criticar las fisuras del modelo y los desastres previsibles para determinadas comunidades científicas. Tenemos que hacer, por nuestra parte, un balance de lo que han sido las ciencias humanas y sociales en Colombia en por lo menos los dos últimos decenios. No nos hemos reunido a examinar qué ha sido de la investigación en las diferentes disciplinas de las ciencias humanas y sociales, qué hemos consolidado, qué hemos olvidado, cuáles han sido nuestras prioridades o excesos o flaquezas en la investigación. Cada disciplina, sin duda, se ha consolidado y ha logrado una gran capacidad de convocatoria, pero no creo que eso concuerde con una capacidad de discusión acerca de avances, estancamientos o retrocesos en la formación de investigadores, en la creación de conocimiento acerca del país. Todavía nos falta, entre nuestras deficiencias, convencer a nuestros colegas más cercanos, esos decanos, vicerrectores y rectores de algunas de nuestras universidades -a la misma Colciencias- que todavía no entienden para qué diablos sirve investigar en las ciencias humanas.         

Gilberto LOAIZA CANO, mayo de 2012.

2 comentarios:

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  2. La pregunta de “para qué diablos sirve investigar en las ciencias humanas” creo que ni siquiera la tenemos clara nosotros, los de las “ciencias humanas”. Al menos para mí, es un solo goce, un placer individual. Cuando hablamos en términos colectivos debemos preguntarnos ¿Qué han aportado al desarrollo del país las ciencias humanas? Y respondernos sin abstracciones sino en aspectos concretos. ¿Somos consientes de las implicaciones de política pública de las investigaciones? ¿Ensenan algo relacionado con esto en los departamentos de ciencias humanas, sobre todo en Historia? ¿En los artículos o libros los autores de las ciencias humanas hacen explicitas las implicaciones prácticas (de política pública) del conocimiento que se genera? ¿Cuándo pasamos un proyecto a Colciencias somos capaces los investigadores de las ciencias humanas de plantear convincentemente –y concretamente- el aporte de nuestra investigación al desarrollo del país? Tal; vez debamos preguntarnos esto, y si lo tenemos claro ahora si entrar en la pugna por darle un espacio digno a las ciencias humanas. Si no, no nos padezcamos del interés por las ingenierías y las ciencias naturales que al menos ellos la tienen un poco más clara. PD: Colciencias apesta, merece ser acabada por burocrática (en el mal sentido) e ineficiente.

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