viernes, 15 de junio de 2012

Pintado en la Pared No. 71


Almacenes La 14 exige por una pasta de caldo de gallina $128.000:
¿cuál será el secreto de este costoso alimento o será culpa de un sistema judicial de mierda?

Leder Correa Cobo, un campesino de 32 años, del cual un representante de Almacenes La 14, refiere que es un delincuente reincidente, con antecedentes de violencia intrafamiliar y porte ilegal de armas, está hoy privado de la libertad en la cárcel Villanueva. El crimen por el cual lo han detenido desde hace 52 días, es el hurto de una pastilla de caldo de gallina; aunque el acusador corrige diciendo que no es cierta dicha versión, aclarando en seguida para disipar todo manto de duda, que en realidad fueron 6 cajas de pastas de caldo de gallina.

El periódico de la ciudad de Cali, Q´ubo, publicó el jueves 14 Junio 2012 un artículo relacionado con dicho caso, replicado por la revista Semana y la cadena Caracol. Reportajes que nos informan sobre la condición de campesino procedente del municipio de Argelia en el departamento del Cauca, afectado por una mina anti-persona, lesión que le habría llevado a buscar en la capital vallecaucana ayuda en Acción Social.

Leder Correa, no consiguió la ayuda, alega que robó la pasta o las pastas de caldo de gallina porque tenía hambre; su abogado califica el crimen como de “hurto famélico”; el representante legal de Almacenes La 14 plantea con ahínco el carácter de criminal reincidente de la persona en cuestión. En “clara y justa” reclamación, como sucede regularmente en el sistema jurídico de nuestro país, Almacenes La 14, exige una indemnización de $128.000 por un producto que recuperaron en su totalidad.

A su vez, hoy jueves 14 de Junio de 2012, los funcionarios del INPEC llegaron media hora tarde al lugar de la audiencia, situación ante la cual, el indignado juez por la pérdida de media hora de su tiempo, “pospuso” hasta el 22 de junio la diligencia, extendiendo a 60 días el tiempo de detención del “criminal”, pues no está demás advertir a la sociedad en general que el dignísimo funcionario judicial lo considera “un sujeto peligroso para la sociedad”.

Paradójicamente los detenidos de la Cárcel de Villanueva, patio Uno A, recolectan los $128.000 de indemnización, sin duda necesarios para el saneamiento del balance contable de Almacenes La 14, pues nadie desea que esta empresa tan importante para la sociedad vallecaucana vaya a caer en desgracia financiera por este crimen mayúsculo.

No nos crean tan pendejos. Una pasta o seis cajas de caldo de gallina por $128.000, prisión por 60 días, declaración de alto riesgo para la sociedad, gastos para el presupuesto público en transporte, papelería, alimentación, salarios; una poderosa cadena de almacenes, el Estado mismo contra un ladrón hambriento y lesionado por una mina anti persona, tan experto en el oficio de robar que lo atraparon con el botín de una pasta o seis cajas de pastas caldo de gallina.

Ahora, si a este “peligroso criminal” le dan 6 años de prisión por $30.000, supongamos que los Nule sólo se robaron $100.000.000.000 millones o cien mil millones en letras que queda más fácil leerlo; dividiendo y multiplicando deberían darles una pena de 19.999.998 años, pero que va, les dieron 14 años y eso después del escándalo para tapar al cartel de la contratación, protegiendo a los lagartos más poderosos.

Definitivamente el sistema judicial de este país es una mierda, podría decir, carece de objetividad, no hay rigurosidad en el debido proceso, la carga de la pena es injusta, pues sí, tantas expresiones pueden utilizarse si acudimos a la jerga jurídica, sin embargo, tantos términos “especializados” no comunican  de manera tan clara mi opinión frente a este caso, prefiero decir “el sistema judicial de Colombia es una mierda”, mientras a este ladrón de pastas de gallina seguro se pudre en la cárcel, a los criminales de cuello blanco terminamos debiéndoles. No nos crean tan pendejos.

John Freddy Caicedo-Álvarez – Junio 14 de 2012, 10:20 p.m. Cali – Colombia.

lunes, 4 de junio de 2012

Pintado en la Pared No. 70


Una medalla para Marichú
(o la triste suerte de la secretaria de la
Federación Colombiana de Atletismo)

En estos días de indignación por el maltrato a las mujeres recuerdo a una mujer que, quienes saben de atletismo en Colombia, la deben conocer. No es una atleta, no compite en grandes eventos, no se ha ganado ni una medalla de cuero, no aparece siquiera en los discursos de agradecimiento. No es favorita para ir a los próximos juegos olímpicos, ni siquiera es favorita para unas vacaciones bien remuneradas. Su trabajo, por casi veinte años, como secretaria de la federación colombiana de atletismo, se ha distinguido por ser silencioso, excesivo y muy mal remunerado. Se trata de María de Jesús Orozco, conocida cariñosamente como Marichú.

Ella ha corrido a su manera, llevando y trayendo pasaportes, consiguiéndoles visas a los atletas de alto rendimiento, a los directivos, a los árbitros, a los técnicos y a cualquier “lagarto”  atravesado. Ella ha corrido varias carreras de obstáculos para sobrevivir con un sueldo que apenas pellizca los dos salarios mínimos; ella está disponible domingos, festivos y nocturnos para preparar competencias, inscribir atletas, premiarlos, vestirlos, llevarlos a las embajadas, a los hoteles, a los aeropuertos. Marichú es la que sabe de los peores y mejores registros de los atletas, de sus enfermedades, de sus indisciplinas, de sus logros, de sus sufrimientos. Marichú lleva veinte años preparando maratones en Bogota, asesorando competencias en Cali y Medellín. Lleva veinte años aguantando jefes arbitrarios, parásitos politiqueros que se pasean por el mundo a nombre del deporte nacional.

Lo que ha logrado Marichú como “premio”, hasta ahora, es que su jefe quiera echarla de cualquier manera porque ya es una mujer vieja, cansada y enferma. Lo que ha logrado Marichú en sus carreras en nombre de la federación colombiana de atletismo es que pase más tiempo en los hospitales que en la oficina o en su casa. Se le acumularon las enfermedades provocadas por sobrecarga laboral y amenazas para botarla como si no mereciera nada. Marichú visita por lo menos tres veces al año la antigua clínica San Pedro Claver, en Bogotá, y allí le ha ganado varias maratones a la muerte. En este instante, mientras escribo esto, Marichú trata de salir de la clínica, después de una semana de nueva postración; pero no le pudieron dar de alta porque la federación colombiana de atletismo no se ha puesto al día en las cuotas de seguridad social; bueno, eso debía hacerlo la misma Marichú, pero era imposible que lo hiciera mientras estaba postrada llena de agujas y sondas en el hospital.

Siempre que veo una carrera con nuestros atletas, recuerdo que detrás de ellos, muy escondida y olvidada, hay una secretaria que les ayudó a estar ahí, listos, en la raya de partida hacia la gloria o el fracaso.



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