lunes, 25 de abril de 2016

Pintado en la Pared No. 139-La investigación en ciencias humanas y sociales (1)


Un libro, que puede ser imprescindible en cualquier curso introductorio para aquellos que se inician en las ciencias humanas y sociales o en las humanidades, dice que las ciencias sociales adolecen de varios defectos; uno de ellos es su heteronomía, lo que significa su vulnerabilidad ante factores externos a los del propio saber. En las ciencias humanas y sociales, múltiples factores y agentes externos inciden en la vida de las disciplinas que deambulan bajo el paraguas de las humanidades o las ciencias humanas y sociales.
El estatuto “legal” de las ciencias humanas y sociales es muy débil, deja penetrar fácilmente las presiones externas. Su agenda parece expuesta a motivaciones que no provienen de la vida propia de la disciplina. Su régimen de sanciones y de censura es muy débil: cualquiera puede entrar y salir de las ciencias humanas, decir y hacer algo sin ser advertido o rechazado o denunciado por sus inconsistencias. Las ciencias humanas y sociales, por tanto, no solamente se forman o deforman con las discusiones entre los pares científicos que han logrado alguna autoridad en el desarrollo de una u otra disciplina, su personalidad también depende de las injerencias externas, de los transeúntes que en nombre de algún retazo del mundo social se sienten autorizados para decir algo con presunción científica.
Son, en consecuencia, ciencias porosas cuyos científicos padecen un doble esfuerzo: persuadir a sus colegas y persuadir el mundo social que lo asedia. Pero a ese doble esfuerzo se agregan otras dificultades; el propio mundo interno de las disciplinas no es muy sólido, las inconsistencias, los fraudes, los defectos y los excesos pueden prosperar porque no hay una rígida censura. La autoridad científica se construye de modo muy relativo, muchas veces depende de los posibles consensos intersubjetivos. Puede haber acuerdos y aprobaciones sobre una falsedad y, al contrario, una verdad finamente construida puede sufrir de ostracismo.
El científico social puede sentirse encerrado en varios mundos hostiles; el del escaso reconocimiento dentro de su universo disciplinar y el de la escasa y hasta nula incidencia en la sociedad. Y puede suceder todo lo contrario, un dudoso científico puede haber conquistado con sus encantos a un auditorio incauto dentro de las ciencias humanas y, al tiempo, gozar de una audiencia solicita en el mundo exterior. Por eso es que muchísimas veces el silencio y la soledad son un buen indicio de algo importante. Claro, eso será percatado por alguien sensato en su soledad de otro tiempo. Habituarse a esa trayectoria en el mundo de las ciencias humanas y sociales debería hacer parte del proceso formativo; el fracaso social del científico humanista debería ser un sello de su identidad.    
El libro referido es: Pierre Bourdieu, El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad. Curso del Collège de France, 2000-2001, Barcelona, Anagrama, 2003 (2001)


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