domingo, 16 de marzo de 2014

Pintado en la Pared No. 101

En 1984

En 1984 estuvo de moda leer una novela de George Orwell que se llama 1984. La novela es una mezcla de ciencia ficción y crítica de los regímenes políticos autoritarios; el autor describe una sociedad panóptica en que el Estado ha multiplicado y refinado sus mecanismos de vigilancia de los individuos. Publicada por primera vez en 1949, como una especie de profetismo paranoico y a la vez como acusación a los totalitarismos, 1984 era una continuación de su otra novela, quizás más célebre, Rebelión en la granja. Ese año, 1984, no faltaron comentarios dominicales sobre la novela ni semblanzas sobre el enigmático autor, digno representante de la literatura británica en la línea de un Aldous Huxley o un Herbert George Wells.
En 1984 sucedieron muchas cosas importantes y terribles, dentro y fuera de Colombia. Un 28 de marzo de ese año, el presidente Belisario Betancourt y la guerrilla de las FARC firmaron el Acuerdo de La Uribe (un municipio del departamento del Meta). El acuerdo anunciaba un cese al fuego por parte de la guerrilla a partir del 28 de mayo.
En 1984, un 16 de mayo; es decir, pocos días antes del inicio del cese al fuego anunciado por las FARC, durante una pedrea en la Universidad Nacional de Colombia, ejército y policía incursionaron en el campus universitario y desalojaron violentamente las residencias estudiantiles. Detuvieron y desparecieron a varios estudiantes; desde ese día, la Universidad Nacional estuvo cerrada hasta abril de 1985. Durante ese prolongado cierre fueron clausuradas de forma definitiva las residencias y las cafeterías estudiantiles, la principal universidad pública del país dejó de ser, desde entonces, la institución universitaria que acogía estudiantes de todos los rincones de Colombia. Su fisonomía cambió y comenzó su gradual postración que la ha llevado, como sucede hoy, a una situación de deriva en su financiación. Pero lo más evidente es que aquel 16 de mayo hubo la intención de sabotear el proceso de paz, tanto el iniciado con las FARC como el que ya se avizoraba con el M-19.
En 1984, un 25 de junio, fallece Michel Foucault. Bien y mal leído, bien y mal comentado; adorado y odiado, se trata de uno de los pensadores más sistemáticos e innovadores acerca de la urdimbre del poder. Ese mismo año, a propósito, con algo de inspiración en la obra de Foucault, es publicada la primera edición del libro póstumo del uruguayo Ángel Rama, La ciudad letrada. El libro inauguró, a su modo, el tránsito de la crítica literaria a formas de hacer historia de la cultura letrada en América latina. Con sus muchos defectos y algunas virtudes ha acompañado el examen de lo que fue el vínculo entre el poder político y las prácticas escriturarias. No ha sido buen ejemplo de exhaustividad documental y contiene algunas afirmaciones ligeras, pero ha servido de punto referencia en algunos temas nodales de nuestra historia intelectual.

Hoy, treinta años después, veo en la maleta de un estudiante mío un ejemplar del libro de Orwell; dice que lo está leyendo por curiosidad. Hoy, treinta años después, otro presidente colombiano vuelve a conversar con la guerrilla de las FARC, esta vez ambas partes están discutiendo en La Habana. Hoy, treinta años después, la Universidad Nacional de Colombia es un campus con edificios desvencijados y un presupuesto que la condena a la supervivencia; hoy, treinta años después, los estudiantes y profesores universitarios no constituyen un movimiento social lo suficientemente vigoroso que lidere una propuesta de reforma del sistema educativo colombiano. Hoy, treinta años después de su muerte, son muy contados los lectores y comentaristas en Colombia de Michel Foucault, sigue siendo una rareza leerlo o discutirlo en una clase. 

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