viernes, 9 de septiembre de 2016

Pintado en la pared No.145-La investigación en ciencias humanas (V)

El asedio externo

Hay un frecuente y a veces muy molesto asedio externo a la investigación en las ciencias humanas. En apariencia, es la sociedad, desde muy diversos flancos y con muy diversos intereses, que le pide a la institucionalidad científica que se ponga al día con las discusiones o dilemas de esa sociedad; esa es la apariencia, porque creo que, más bien, es una sociedad que quiere contar con la ciencia para dotar de sentido sus luchas cotidianas. Es decir, desea que la ciencia cumpla una función ancilar para determinados grupos organizados de la sociedad cuyos intereses van a un ritmo muy diferente de lo que las ciencias humanas hacen. La agenda del científico no puede ser la misma de la sociedad; puede coincidir parcial o generalmente, pero las ciencias humanas tienen su propia tradición, su propia discusión de objetos y problemas que no tienen por qué coincidir con la volubilidad de las coyunturas de discusión de una sociedad. Eso no es fácil de entender ni para los grupos sociales que invocan a cada rato una ciencia comprometida ni para los científicos que nos sentimos en muchas ocasiones arrastrados por el oleaje de las circunstancias.
Esa sincronía entre dilemas de la sociedad y dilemas de la ciencia no tiene por qué existir, no puede volverse una exigencia. Sin embargo, esa sincronía es cada vez una petición de varias partes que agobia la vida de las disciplinas científicas. ¿Las ciencias humanas tienen que estar prestas a resolver las encrucijadas del ahora? Digamos que no, de entrada. Digamos, más bien, que unas, más que otras, pueden tener esa disposición, pero en general la prioridad de las ciencias humanas no está en atender los llamados circunstanciales de la vida pública, del ahora. Para muchos, es cierto, esos llamados son cantos de sirena, momentos oportunos para hacer brillar un saber, para demostrar que aquello que sabemos es útil para la sociedad, entonces nos volvemos acuciosos consultores o asesores.
Sin embargo, el presente y sus dilemas no son la brújula de la investigación en las ciencias humanas, es una simple  derivación, una afortunada coincidencia que puede diluirse en la velocidad del instante. Luego hay que regresar y recluirse en el ritmo casi silencioso de nuestros sub-mundos disciplinares. Esto no es una oda a la hiper-especialización, pero es una advertencia para no distraernos y confundir lo urgente con lo prioritario. Las ciencias humanas no están hechas para resolver asuntos inmediatos que no están en la agenda de las experiencias y trayectorias disciplinares; están hechas para examinar y proponer soluciones a problemas estructurales de cualquier sociedad. Eso las hace más consistentes de lo que sus detractores creen. Las ciencias humanas y sociales son formas de conocimiento que han nacido y caminado con los procesos de formación de los Estados burocráticos modernos, han acompañado los complejos procesos de formación nacionales y en tal medida tienen un acumulado simbólico, unas tradiciones y unos legados que les permiten tener un horizonte de expectativa mucho más lejano que las meras coyunturas de debate público.
Hoy, por ejemplo, en la Colombia que pretende cerrar un ciclo de violencia política y comenzar una etapa nueva, las ciencias humanas y sociales emergen como una genuina alternativa en la preparación de agentes y acciones estatales para esa fase casi inédita de la historia pública colombiana. Eso obliga a acudir a los legados de cada ciencia, a lo que ellas han podido averiguar acerca de nuestra sociedad.

Es posible que las modulaciones del presente hagan exigencias dramáticas, pero no pueden llegar a sacudir lo que cada ciencia ha ido acumulando silenciosa y tranquilamente, porque ese legado es su consistencia, su fundamento, y eso no puede abandonarse fácilmente.  

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