sábado, 24 de septiembre de 2016

Pintado en la Pared No. 146

National Museum of African American History and Culture

Estados Unidos vive sus paradojas; el gobierno del racialmente híbrido Barack Obama parecía la mejor esperanza para la golpeada población afroamericana. Sin embargo, durante su lapso presidencial se incrementó el crimen policial contra la gente negra. En el exterior, el alicaído imperio norteamericano ha sido varias veces burlado por el cinismo de Vladimir Putin, todopoderoso en el este de Europa y con influjo perverso sobre zonas geoestratégicas de África y Asia. Obama se despide dejando la impronta de un gobierno internamente muy débil, a pesar de la voluntad risueña y democratizadora del presidente mulato.
En estos días pre-electorales se han juntado vida y muerte, eros y tanatos, en la convulsa vida pública de Estados Unidos. Los intelectuales afroamericanos se regocijan de un sueño hecho realidad institucional, acaba de inaugurarse el National Museum of African American History and Culture. La tierra de Franklin Frazier, Louis Armstrong, George Gershwin, Martin Luther King, Claude Colvin, Nina Simone, Angela Davies,  Aretha Flanklin y de tantos otros activistas, pensadores, artistas y deportistas con vínculos afrodescendientes que han dejado huella universal, esa tierra que ha expoliado, masacrado y discriminado la sociedad negra esclavizada celebra hoy la inauguración de un museo. No es solamente el triunfo de la perseverancia intelectual de las comunidades afrodescendientes y sus organizaciones, es cierto. También ha participado en este logro las demás diversidades étnicas, sociales y religiosas de ese país.
Buena parte de la historia cruenta, segregacionista y racista del Estados Unidos contemporáneo está encerrada en piezas, instrumentos, dispositivos que evocan los tiempos lúgubres del Ku Klux Klan o las confrontaciones callejeras en la lucha por los derechos civiles. Al lado de eso están aquellos elementos que informan de las tradiciones y legados africanos que le han dado colorido al continente americano: músicas, creencias, bailes, pinturas, palabras, todo ese inmenso repertorio de símbolos que han hecho, no sólo de Estados Unidos, un paisaje multi-étnico.
La historia larga y dolorosa que va desde la humillante esclavización, pasando por los hitos emancipadores, hasta la contradictoria consolidación de la población afro-descendiente en el esquema del capitalismo avanzado. Todo eso está relatado o, mejor, representado paso a paso en el naciente museo cuya construcción comenzó hace algo más de una década, en el gobierno de George W. Bush, y que hoy hace parte del corazón de Washington.

Sin embargo, esa celebración lleva su luto; otras muertes violentas de jóvenes negros perseguidos por agentes de la policía. Nuevos disturbios y las cifras de excesos policiales con la población negra se acrecienta como un dato vergonzoso de la historia reciente del país del norte. Regocijo y dolor, celebración y muerte. El museo de la historia y cultura afroamericanas tendrá que narrar, desde hoy, 24 de septiembre de 2016, el triste recuerdo del racismo institucional contemporáneo, a pesar de la buena voluntad del mulato Obama, el presidente que acaba de inaugurar el majestuoso edificio, “un sueño hecho realidad” para la gente negra de Estados Unidos. 

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