domingo, 2 de julio de 2017

Pintado en la Pared No. 156


La ciencia histórica en el proyecto interdisciplinario
del doctorado en Humanidades de la Universidad del Valle


Es muy difícil que la ciencia histórica esté por fuera de cualquier apuesta interdisciplinar. Primero, la propia historia de las ciencias humanas y sociales ha puesto a la Historiografía o ciencia histórica en un lugar central en la integración de formas de conocimiento sobre el hombre y la sociedad. La Historiografía fue, por mucho tiempo, la ciencia que devoró a las demás; en la tradición francesa fue la ciencia integradora y, como se decía a mediados del siglo XX, “totalizante”. Ella reconstruía las relaciones de los seres humanos con el tiempo y el espacio, categorías abarcadoras; hacer investigación histórica era establecer conversaciones con la economía, la sociología, la psicología, la geografía. Las ciencias humanas, dominadas en el siglo XX por el proyecto estructuralista era expresión del triunfo de ese proyecto, ella podía despedazar el tiempo en estructuras cortas, medianas y largas, podía dar cuenta de la vida de los hombres en las dimensiones más inmediatas y en las más duraderas, casi a escala geológica. En fin, la Historia ha sido ciencia aglutinadora, devoradora.
Alguien, con mayor autoridad, advirtió que la ciencia histórica es la playa por la cual caminan las demás ciencias humanas. Y todo porque en ella se sintetizan tiempo y espacio, categorías imprescindibles. Siempre acudimos a la historia para situar cualquier hecho, la dimensión histórica es aquella que nos remite a las condiciones que ayudan a explicar cualquier hecho o fenómeno en la vida de los seres humanos, por eso su carácter explicativo imprescindible.
Al ser la ciencia que lograba tantas síntesis, puso en el pináculo de los recursos de investigación a sus oficiantes. En el caso francés, los historiadores pudieron inventarse y administrar la Maison des Sciences de l´Homme y allí decidieron sobre cuáles eran las prioridades de financiación de la investigación en las Humanidades de ese país. Ser historiador era estar en el centro dominante de un campo científico. De tal manera que a la bulimia de una disciplina, tan dispuesta a integrarlo todo para logar alguna explicación plausible de los hechos del pasado, se le agregaba la hegemonía en el control de los procesos administrativos del conocimiento. Todo este legado, vertido en las condiciones de un país de muy corta tradición en la investigación humanística, como Colombia, no deja de convertirse en una enorme paradoja. Una cosa es, por tanto, la tradición de una disciplina y otra cosa es el estado de formación de las comunidades científicas de cada lugar. Ese legado es, para nosotros, apenas un referente que puede volverse en un horizonte de deseo. Ojalá, alguna vez, investigar en Historia, en Colombia, entrañe acaparar el dominio de las ciencias humanas y sociales.
Todo esto para decir que, por sus propios orígenes y tradiciones, la Historiografía es una ciencia expansiva, abarcadora, ecléctica, dispuesta a establecer todos los vínculos que sean necesarios. Atraviesa sin dificultad las fronteras ficticias de las ciencias humanas. Además, está asociada a tradiciones diversas por su propia naturaleza epistemológica y discursiva. En lo epistemológico, porque sus métodos de indagación parten de la íntima relación con todas las formas de lo textual; la ciencia histórica demanda saber hacer operaciones ante los archivos, ante todas las formas de expresión documental; en lo discursivo, porque la forma culminante de la investigación histórica sigue siendo la escritura, el máximo esfuerzo por borrar la distancia entre un pasado muerto y nuestras existencias en el presente. La escritura de la Historia transita en las brumas de lo ficticio y lo real, lo conjetural y lo fáctico, lo probable y lo cierto. La escritura histórica mezcla relato y explicación, es narración documentada que intenta reconstituir lo que ya no es. Por esa condición ambivalente de su escritura, la Historiografía está, en ciertas tradiciones, más cerca de las artes y las letras (por ejemplo en la tradición británica) que de las ciencias sociales (caso francés) y, también por eso, hace parte de las experimentaciones postmodernas de nuestros días.


Gilberto Loaiza Cano, junio de 2017

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