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Mostrando entradas de noviembre, 2020

Montenegriada No. 5-Padre nuestro del aburrimiento

  Este pueblo aburre, siempre tan repetido en sus días. Las mismas caras en los mismos lugares. Hasta la muerte es aburrida; es costumbre dos asesinatos semanales. Pobres muchachos con disparos en la cabeza. Los policías, como siempre, llegan tarde. Todos comentan lo mismo: líos de la venta de drogas. Muchachos pobres que quieren volverse ricos y se ganan pronto un hueco en el cráneo. Los demás se acostumbran a caminar las mismas calles, al mismo trabajo, al mismo día de ir al mercado, al mismo día de bancos cerrados, al mismo viaje a Armenia para pedir una cita médica, para un examen de laboratorio, para comprar lo que no venden en este pueblito arrabalero, para esconderse un rato donde las mismas fufurufas. Teresita Meza se aburre de ver los mismos árboles, de tender la misma cama, de comer el mismo desayuno. Vida larga sin sorpresas, sin estremecimientos, salvo la muerte que se acuesta en largas agonías hasta que de la cama se pasa al ataúd y del ataúd al hueco del cementeri...

Montenegriada No. 4-Vida dura

Para muchos seres humanos la vida es un vaso interminable de amargura y dolor; para ellos, desde la misma gestación comienza un destino de heridas. Vivir se vuelve algo horrible porque vivir es padecer. Eso ha sido vivir para Sorleny. Ella es hija de una prostituta de Manizales cuyo nombre o apodo de combate era Argentina; de la madre no se sabe mucho más. Argentina nunca deseó esa hija, la parió y la amamantó a regañadientes y, según recuerdan algunos, intentó matar varias veces a la bebé o meterla en una bolsa y abandonarla en un tiradero de basura. La pobre puta siniestra estaba agobiada con esa cosa oscura y babosa que salió de sus entrañas. De eso se acuerda muy bien Aurelia Isaza, la dueña del prostíbulo famoso del barrio San Antonio. Ella se encargó de salvarla a medias o, mejor, de cambiarle el rápido destino que tenía con la puta desesperada por un tormento más largo con quienes iban a ser los próximos amos de su existencia. María recuerda en Montenegro el telegrama que le e...