Montenegriada No. 5-Padre nuestro del aburrimiento
Este pueblo aburre, siempre tan repetido en sus días. Las mismas caras en los mismos lugares. Hasta la muerte es aburrida; es costumbre dos asesinatos semanales. Pobres muchachos con disparos en la cabeza. Los policías, como siempre, llegan tarde. Todos comentan lo mismo: líos de la venta de drogas. Muchachos pobres que quieren volverse ricos y se ganan pronto un hueco en el cráneo. Los demás se acostumbran a caminar las mismas calles, al mismo trabajo, al mismo día de ir al mercado, al mismo día de bancos cerrados, al mismo viaje a Armenia para pedir una cita médica, para un examen de laboratorio, para comprar lo que no venden en este pueblito arrabalero, para esconderse un rato donde las mismas fufurufas. Teresita Meza se aburre de ver los mismos árboles, de tender la misma cama, de comer el mismo desayuno. Vida larga sin sorpresas, sin estremecimientos, salvo la muerte que se acuesta en largas agonías hasta que de la cama se pasa al ataúd y del ataúd al hueco del cementeri...