Hoja suelta de opinión del profesor Gilberto Loaiza Cano. Licenciado en Filología, Master en Historia y Doctor en Sociología. Profesor titular del Departamento de Filosofía, Universidad del Valle. Premio Ciencias Sociales y Humanas, Fundación Alejandro Ángel Escobar, 2012. Línea de investigación: Historia intelectual de Colombia.

lunes, 13 de febrero de 2023

Pintado en la Pared No. 277

 

Realidad y verdad en la ciencia histórica (1)

 

La ciencia histórica padece hoy varios asedios que la han vuelto muy relativa. De un lado, la proliferación de relatos de ficción que se reclaman como novelas históricas, supuestamente sustentados en una mezcla de imaginación y erudición. Las y los novelistas entonces aparentan, fingen o muestran una enjundiosa investigación en archivos, aunque es lícito que supongamos que eso hace parte de la trama ficcional. De otro lado, el empuje democratizador de las memorias enfrentadas que buscan reconocimiento, verdad, justicia en muchas partes del mundo y, por supuesto, con mucha fuerza aquí en Colombia. En medio de eso, las y los historiadores somos pobres sujetos cognoscentes bastante impopulares, por no decir que mediocres cuyo público o mercado –según como veamos el asunto- es muy limitado. Hoy es más fácil y atractivo leer un relato novelesco con un decorado de nombres y hechos que nos ponen a imaginar un pasado o escuchar un testimonio en que tenemos presente al ser humano que ha vivido una experiencia casi siempre, por desgracia, muy traumática. Y, por supuesto, siempre ha sido difícil y aburrido leer el circunspecto relato de un historiador repleto de citas documentales y notas al pie de página; relato que mezcla narración y explicación que sólo sirve para que tengamos una aproximación, tan solo eso, a la realidad del pasado.

A pesar de o debido a esos asedios, yo me he permitido reflexionar en la naturaleza del conocimiento histórico, aunque parezca una tardía reflexión tanto para la trayectoria personal como para la condición general de la ciencia histórica en este presente atiborrado de tantas supuestas verdades y, a la vez, de tantas incertidumbres. Esa reflexión la he hecho tratando de responder a la pregunta compuesta siguiente: ¿qué es realidad y verdad en la ciencia histórica? Les invito a leer lo que pude responder.

Empiezo con unas palabras de Paul Ricoeur que juzgo pertinentes. Para el pensador francés, preguntarnos por la realidad del pasado o qué es real aplicado al pasado histórico es la cuestión más complicada y al tiempo la más inevitable cuando tratamos de establecer la diferencia entre ciencia histórica y ficción. Ricoeur también advertirá que la respuesta a esa pregunta es muy difícil. Esta advertencia nos facilita anunciar que este ensayo será, por tanto, una tentativa. En buena medida, esta tentativa la tomo como un auto-examen, como un ejercicio de necesaria reflexividad en torno a lo que las y los historiadores solemos hacer. En mi tentativa de respuesta vislumbro cuatro niveles de análisis, así:

Punto 1: ¿Qué puede ser la realidad para la ciencia histórica?

Esa pregunta puede ir acompañada de esta otra: ¿qué tipo de realidad puede ser esa a la que dirige su mirada la ciencia histórica? Para intentar responder aquí he partido de un par de supuestos que he leído en Hans-Georg Gadamer en su ensayo titulado El problema de la conciencia histórica (1957), un escrito anterior a su libro consagratorio Verdad y método. Apoyándose en Aristóteles y Hegel, Gadamer dice que el objeto determina el método para conocerlo y que todo método está ligado al objeto mismo. Siguiendo esto, agrego que la naturaleza del objeto determina tanto el método como el conocimiento que se produce. Ese vínculo de determinación me parece importante advertirlo para evitar que nos ilusionemos tempranamente.  Si el objeto es difícil de definir y atrapar, igualmente difícil debe ser obtener verdades que podamos guardar como tesoros. Muy cerca de esa reflexión, evoco a propósito a Marc Bloch, cuando decía que una ciencia como la Historia debería definirse tanto por su objeto como por los métodos que necesita utilizar para acercarse a ese objeto.

Ahora bien, para tratar de precisar cuál es la realidad a la que dirigen su mirada las y los historiadores me apoyaré en las definiciones contiguas de Martin Heidegger y Marc Bloch; cercanía que no sorprende si tenemos en cuenta que el uno y el otro compartieron la misma inquietud cultural de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX en torno al tiempo. Ellos vivieron una época en que las ciencias humanas y las ciencias naturales experimentaron nuevas percepciones y relaciones con el tiempo, tanto así como para volverlo un objeto muy diverso. Heidegger y Bloch coinciden, grosso modo, en definir la ciencia histórica como la ciencia de los hombres en el tiempo.

(Sigue).


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