LA BIOGRAFÍA(2)
La biografía histórica entiende como punto de partida y como punto de llegada al individuo situado. No estudia al individuo como una abstracción, como una entidad solitaria que flota en el aire. Quizás sea necesario recordar aquí a Norbert Elias cuando decía, por ejemplo, que el individuo está hecho de sociedad y la sociedad está hecha de individuos. Poner el individuo en situación es apoyarse en esa premisa; cuando estudiamos la vida de un individuo, estudiamos a un individuo en sus relaciones.
El individuo escogido para el estudio biográfico es punto de partida, porque él constituye la pieza de inicio en la búsqueda de las relaciones significativas que determinaron esa vida individual. También es punto de llegada porque toda esa reconstitución significativa de las relaciones ayuda a entender esa unidad aparentemente singular del sujeto biografiado. Pero sin esa puesta en relación de la vida individual poco podríamos esclarecer de esa vida y tal vez mucho menos podremos comprender de la fisonomía de la sociedad en que ese individuo ocupó algún lugar.
Visto el asunto así, la investigación en la biografía histórica está orientada por esta conversación entre individuo y sociedad; conversación que tiene implicaciones procedimentales. Implica averiguar por el individuo, implica averiguar por la sociedad; implica hallar vínculos explicativos entre lo que va siendo el individuo y lo que va siendo la sociedad. Todo esto tiene que producir por lo menos lo siguientes resultados: un nuevo conocimiento acerca del hecho micro-histórico de la vida de un individuo y un nuevo conocimiento acerca de la sociedad en que tuvo existencia esa vida.
Volvamos a lo procedimental; la biografía histórica obliga a compilar información acerca del proceso micro-histórico de la vida de un individuo y, al mismo tiempo, obliga a reunir información acerca del proceso macro-histórico de la sociedad y sus transformaciones. Ante esto, el biógrafo o la biógrafa quedan expuestos a un desafío subjetivo, el de establecer conexiones explicativas pertinentes entre el dato micro-histórico y el dato macro-histórico. ¿Qué tanto el dato singular del individuo ayuda a entender procesos sociales y qué tanto los procesos sociales determinan las acciones del individuo? O mejor: ¿cómo el individuo evidencia lo que sucede en la sociedad y cómo la sociedad condiciona lo que el individuo pudo ser y hacer? La biografía histórica es esta conversación, la exige, la promueve y la construye.
El biógrafo o la biógrafa zurcen, entrelazan individuo y sociedad hasta construir un tejido, una trama de conexiones posibles (y plausibles) entre el uno y la otra. El individuo ha sido, así, una escala de observación, una medida de acotación, una frontera temporal, una pieza de rompecabezas que nos guía en la reconstitución de un paisaje temporal que podemos llamarlo época, momento de la sociedad, tendencia colectiva. En todo eso el individuo ha sido una luz de orientación, casi un pretexto para ir más allá de él, para viajar alrededor de él, para conocer el tiempo de él, la sociedad de él. Sin él, poco sabríamos de la sociedad; sin la sociedad, poco sabríamos de él.
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