Hoja suelta de opinión del profesor Gilberto Loaiza Cano. Licenciado en Filología, Master en Historia y Doctor en Sociología. Profesor titular del Departamento de Filosofía, Universidad del Valle. Premio Ciencias Sociales y Humanas, Fundación Alejandro Ángel Escobar, 2012. Línea de investigación: Historia intelectual de Colombia.

jueves, 2 de mayo de 2013

Pintado en la Pared No.85



COLCIENCIAS ES UN FRAUDE

Si no es porque ya nos hemos ido acostumbrando a las malas noticias relacionadas con los incentivos a la investigación en las ciencias humanas y sociales, tendríamos que decir que los últimos mensajes que nos envía Colciencias son un mazazo que hiere profundamente a la comunidad científica colombiana. La que hasta ahora ha sido la principal entidad estatal en la regulación de la actividad investigativa en Colombia, ha ido definiendo en los últimos años su perfil; es cada vez más claro que se trata de una institución muy raquítica que ya no sabe responder a lo que cotidianamente deseamos y hacemos; es muy evidente que no le interesa, para nada, fomentar la investigación en los ámbitos propios de las ciencias humanas; también ha dejado en claro que perdió liderazgo en la promoción de la formación doctoral tanto dentro como fuera del país. Su presupuesto es magro y sus convocatorias para financiación de proyectos tienen ahora un reducido espectro temático y se decidió por desterrar del todo cualquier inquietud propia de esas disciplinas científicas que son problemáticas e impertinentes, que ponen en tela de juicio esos afanes modernizadores concentrados en la innovación tecnológica.

El actual régimen presidencial sólo quiere ver investigación aplicada que contribuya a las prioridades productivas de las regiones, a las empresas ligadas con el mercado mundial. Investigar para producir, producir para vender, vender para ganar. En ese modelo no caben ni sociólogos ni historiadores ni psicólogos ni lingüistas. A no ser que tengan que cumplir un papel demasiado funcional y subordinado en la preparación de una receta para hacer crecer plantíos de caña de azúcar o de palma africana.

Su última propuesta de modelo de medición de los grupos de investigación no tiene en cuenta las especificidades de ciertos universos disciplinares ni los ritmos ni tradiciones de escritura y creación intelectual de determinadas comunidades científicas. La producción individual y colectiva de libros ha quedado casi estigmatizada y es inversamente proporcional a la importancia excesiva que se le ha otorgado a la publicación de artículos en revistas especializadas. La escritura en revistas especializadas encierra el pensamiento de las ciencias humanas en paredes muy estrechas, en un mundo lector muy reducido y determina un muy débil impacto social del nuevo conocimiento. Para llegar a y permanecer en la categoría de investigador senior hay que publicar en revistas que estén cercanas al cielo, y en el cielo ya no hay lectores, solamente “pares evaluadores” y quizás algún curioso de un pomposo comité editorial.

Colciencias nos ha puesto a mirar para otro lado. Ahora el problema es cómo una comunidad científica tan disgregada, tan individualista, logra ponerse de acuerdo para inventarse algo menos fraudulento. En cierta medida es un alivio saber que es mejor no seguir dependiendo de los ires y venires, confusos y arbitrarios, de una entidad que ha sido más talanquera que estímulo. ¿Pero, entonces, qué vemos en el horizonte? Yo veo a médicos e ingenieros repartiéndose en las universidades la torta de la financiación de la investigación y auto-adjudicándose generosos puntajes que les sirven para mejorar sus sueldos.

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