sábado, 14 de diciembre de 2013

Pintado en la pared No. 97



El archivo Ancízar en la 
Universidad Nacional de Colombia

En los últimos tiempos no hemos recibido buenas noticias de la Universidad Nacional de Colombia; el mal gobierno del presidente Juan Manuel Santos, con ayuda de su mala ministra de Educación, la ha sometido a una condición humillante. La que ha sido la principal universidad pública del país tiene una infraestructura física atrasada en por lo menos cincuenta años y su ciudad universitaria ha quedado en entredicho por proyectos urbanísticos que la vulneran. Su planta de trabajadores y empleados tiene viejos reclamos salariales y el profesorado ha sido sometido a un estatuto laboral poco alentador. Llevamos por lo menos tres decenios de un continuo ataque al símbolo de lo que alguna vez fue el más ambicioso proyecto de educación dirigido por el Estado en Colombia; el cerco privatizador la ha ido debilitando, al tiempo que se ha ido imponiendo un abigarrado y fraudulento sistema universitario basado más en criterios empresariales que de calidad académica.

Pues bien, la buena noticia es que la señora Isabel Ancízar, albacea desde hace muchos años del archivo de Manuel Ancízar, primer rector oficial que tuvo la Universidad Nacional de Colombia, en 1867, donó su archivo a esa institución. Como otros hombres de su época, quien fue mejor conocido como el Padre Alpha, conservó con esmero toda la documentación posible, convencido de la importancia de sus actos y de la misión constructora de nación que se había auto-conferido. El archivo permaneció un largo tiempo en Buenos Aires, bajo la custodia de uno de sus hijos y la señora Isabel se encargó personalmente de recuperarlo, traerlo a Bogotá y ordenarlo. Lo que ella hizo es excepcional, muy pocos descendientes de personalidades públicas de nuestro siglo XIX saben qué hacer con un archivo personal; prefieren quemarlo, botarlo o venderlo por trozos. Esta vez hubo una voluntad personal por conservarlo y clasificarlo.

Varios investigadores fuimos hasta la casa campestre de Tenjo, pequeño pueblo aledaño a Bogotá, donde la familia Ancízar prestaba orgullosa el voluminoso archivo. Hay una colección de manuscritos del Padre Alpha que merecen una revisión y organización para una posible compilación de su obra completa, muy digna de publicación. Destaco los apuntes de su viaje oficial con la Comisión Corográfica; los fragmentos no publicados de sus Lecciones de psicología y moral; pero más conspicua, por su variedad y abundancia, la correspondencia con los políticos letrados de casi todos los países hispanoamericanos. Cartas con Andrés Bello, con Domingo Faustino Sarmiento, con Francisco Bilbao, con Fermín Toro. También el rico epistolario con la dirigencia política colombiana, especialmente con el caudillo Tomás Cipriano de Mosquera. No sé si la señora Isabel Ancízar añadió a su donación el archivo de Roberto Ancízar, el hijo mayor de Manuel Ancízar, que contiene un panorama de lo que fue la vida pública colombiana después de la guerra de los Mil Días y en pleno dominio presidencial de los conservadores.

De todos modos, la donación es un respaldo a la Universidad Nacional y la compromete a ejercer la custodia indispensable sobre una documentación digna de ser leída y consultada por investigadores colombianos y extranjeros. Es, al tiempo, un gran compromiso, y obliga a la dirección de esa universidad a saber definir qué hacer con una documentación que, sugiero, merece tener copia completa en los fondos documentales de la Biblioteca Nacional de Colombia, donde existe desde hace mucho tiempo un Fondo Ancízar que podría recibir un gran complemento con la donación que acaba de hacer la familia de quien es considerado, con acierto, como uno de los pocos auténticos liberales radicales del siglo XIX colombiano.







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